Aquí vamos con
el mes más corto del año y empezamos con una novela corta (o cuento dependiendo
a que geniecillo le preguntemos); y parecerá loco, pero deberán de creerme cuando
les digo que esta historia no la conocía de nada, (a pesar de ser una saludable
aficionada de la cultura japonesa, la mitología griega y los gatos). Pero quizás
la razón por la que no conocía esta historia es porque, en realidad, no es una
historia japonesa, en cambio, es una historia contada desde una pluma europea
que se basa en hechos históricos de Japón y Estados Unidos; a pesar de que la
premisa muchos creen que apunta a ser algo parecido a “Memorias de una Geisha”,
la verdad no se parecen en nada, (más allá de la mala representación que le dan
a las geishas). Es más, en muchos sentidos, podríamos decir que esta novela fue
una de las principales causas de la mala imagen de las geishas en occidente y
de muchos otros problemas de representación, pero también podríamos decir que,
con todo y que es una obra reflejo de su tiempo, la realidad que cuenta es
verídica y que, tristemente sigue en nuestros días.
Contexto de la obra y autor
La versión que
yo tengo, que me compré en una rebaja de libros y porque, confieso, la portada
y el diseño de dibujos del libro me encantó tanto que lo tuve que conseguir, ya
después juzgaría el contenido… El caso, que el libro que tengo es el de John
Luther Long, un abogado y escritor gringo y, técnicamente John Luther Long no es
el autor original de esta historia, más bien, al que se le atribuye la primera
idea fue a Pierre Loti con su novela Madame Chrysanthème (1887), siendo
la versión de Long publicada hasta 1898 la que se volvería el canon para
futuras adaptaciones de ópera y películas; existen muchas versiones sobre si
está basada en una historia original en concreto o fueron diferentes historias
usadas en conjunto para crear una sola.
Al final, existen muchas versiones
sobre el origen de Madame Chrysanthème o Madame Butterfly, pero me
concentraré en ésta última pues es la versión que leí y me consta que ambas
novelas tienen sus diferencias. Con ello, sus
historias de origen son diferentes, diciendo el chismecito histórico que gran
parte de Madame Butterfly se basa en las memorias de la hermana de Long,
Jennie Correl, que visitó Japón con su marido misionero metodista y conoció a
dos mujeres, Awajiya Tsuru y Maki Kaga, Awajiya era la esposa de Thomas Blake
Glover y adoptó al hijo de Maki Kaga, una mujer del distrito rojo de Japón con
quien Blake tuvo un hijo llamado Tomisaburo, siendo este niño adoptado por Awajiya.
Y Maki Kaga tenía el apodo de Cho-Cho-San, (cho-cho- significa mariposa en
japonés). Y de aquí, de haberse manejado con más respeto y etnología se habría
tenido una historia súper interesante, pero, como dije antes, con todos los
prejuicios de la época, sumada a la fascinación gringa por Japón cuando dicho
país se abrió por primera vez al resto de continente en el 1800, los
testimonios de estas mujeres serían usados como títeres de estereotipos y fijación
de ver otras culturas como algo exótico e infantil que debe domesticarse y
puede usarse para luego abandonarse sin ningún valor.
En el artículo
de Fernández de Larrinoa, R. (2023, Febrero 2). Orientalismo y verismo en
Madama Butterfly, aunque se centra más en la ópera que en la novela, los
temas son los mismos, explica como en el 1800 comienza toda la tendencia del
Orientalismo en Europa, donde los países musulmanes y en este caso Japón,
fueron objetivos de fascinación y de genuina curiosidad y aprendizaje, pero, también
fueron objetos de manipulaciones, intercambios injustos, estereotipos raciales
y abuso de confianza al aprovecharse de las diferencias culturales y legales, lo
que permitió que se cimentara con más fuerza el turismo sexual. A pesar de que
en Japón, la mayoría de estos encuentros aparentemente eran legítimos y consensuados,
en la propia novela vemos algo que sí pasó, y fue como muchos gringos se
aprovechaban de un resquicio legal que les permitía vivir esas “fantasías” con
mujeres japonesas comunes, geishas o hijas de hombres importantes sin que fuera
categorizado como prostitución. Inclusive muchas de estas mujeres se tenían que
convertir a las costumbres “correctas” de los europeos, lo que llevaba a que
fueran repudiadas y abandonadas por sus familias y cuando estos hombres las
abandonaban y no volvían (pues fuera de Japón, ya su matrimonio no era válido),
se quedaban solas, sin apoyo, sin derechos y con su identidad destrozada. Mientras
que esos hombres podían volver y vivir su vida sin crimen y castigo como si
nada.
![]() |
| Las imágenes que usaré son de la ópera cinematográfica de 1995, que se me hace la más fiel de todas. |
Sinopsis
La sinopsis es
parte del libro de la editorial Editores mexicanos unidos - artes y
letras, donde se puede adquirir en las librerías ghandi. La
historia está dividida en 15 capítulos cortos y esta edición está repleta de
ilustraciones preciosas que me hicieron desear que ojalá hubieran estado a
color en lugar de blanco y negro.
“La historia sigue a una joven geisha japonesa que se casa con un oficial naval estadounidense y se ve atrapada entre culturas en conflicto. Japón, ferozmente aislacionista durante siglos, no se había abierto al mundo occidental hasta la década de 1850. Occidente, fascinado por Japón y su riqueza cultural, recibió con los brazos abiertos esta narración. El compositor italiano Giacomo Puccini basó su ópera homónima en este relato.”
Nos guste o no, son cosas que pasan
Al ver el
contexto donde estaba ambientada la historia, ya me intuía que habría
pensamientos retrógrados y muchos rasgos de apropiación cultural, por lo tanto,
todas las críticas negativas que ha recibido la novela tienen por completa
razón, desde el trato infantil hacia Cho-Cho (literalmente con ella la imagen
de mariposa como una forma de decir lo infantilizada que está, lo frágil que es
y no como una persona que puede ser libre y transformarse) y la poca
credibilidad de conocimiento y respeto por la cultura y tradiciones japonesas;
no obstante, el único motivo por el que no la considero una pérdida del tiempo,
a pesar del lenguaje, es porque aún es un tema relevante lo que maneja, que
sería lo que ahora se llama turismo sexual. Una problemática
que, la fecha, con esta sociedad patriarcal y consumista, sabemos que ocurre,
pues las mujeres son blancos de abuso en las guerras, comunidades
desfavorecidas y control de religión y poder.
Y esto es algo
que ocurre en Japón, Corea, Tailandia, Filipinas y otros países asiáticos desde
hace décadas, curiosamente cuando otros países llegaron a invadir, impusieron
su publicidad y control, las mujeres que vivían en la miseria o tenían poca
agencia se les convenció de que la única vida de cuento de hadas que podían
tener era si se asociaban con hombres occidentales poderosos, reduciéndolas a
un juguete sexual para aliviar a los hombres de sus “molestas mujeres”
anglosajonas. ¿Eso significa que a comparación de los gringos y europeos, los
japoneses eran más liberales? No realmente, recordemos que en muchas
instancias, las mujeres japonesas en la época feudal e inclusive a la
actualidad, siguen sesgadas a nivel de oportunidad económica y siguen sufriendo
acoso, tanto de sus paisanos como de extranjeros (por la misma cosificación que
se les hace, quizás ya no en el concepto falso de geisha, pero sí del
estereotipo de mujer sumisa y callada).
Y a la fecha es
uno de los motivos por las que muchas mujeres japonesas buscan más apertura de
ideas y oportunidades en el extranjero, como una oportunidad de abandonar esos
espacios opresivos. Igualmente sucedió así en el pasado, en el caso de la época
de Cho-cho san, donde ella ve el matrimonio como una salvación a su situación (recordemos
que Long utiliza una idea errónea de geisha) mientras que Pinkerton solo la ve
a ella como una aventura vacacional; con ello, también vemos una dinámica de
relación tóxica, donde la dinámica del rol masculino es ser dominante y hacia
el exterior y el rol femenino todavía se relegaba al hogar como escenario único.
Dando como resultado en esta dinámica de poder desigual, que Pinkerton ve a
Cho-cho como una criatura exótica que debe domesticar, haciendo que renuncie a
su religión si tan siquiera intentar entenderla a ella (hasta en varias
ocasiones se burla en su cara, Dios, como odié al tipo), quede aislada de su
familia, por lo que queda emocional y económicamente dependiendo de él. Para
luego dejarla como si nada.
Por último,
llega otro tema que sigue relevante en la sociedad japonesa y es el mestizaje,
tanto a nivel cultural como genético; en el caso de Cho-cho tiene una identidad
cultural mezclada, enfrentándose con varias contradicciones sobre lo que sabía
de su cultura madre con su nueva cultura, conflictuada en su fe sobre a quién
debería rezarle, si a Kanon, la Diosa de la misericordia o a los ángeles que la
esperan incluso después del suicidio. Y luego, está su hijo, Problema, a quien mantiene
en secreto por 3 años para protegerlo de los prejuicios de la gente (pues aún
en ese entonces, los japoneses le daban una gran importancia a la pureza) y como
hereda los rasgos de su padre, la hipócrita pareja gringa decide quedarse con
el niño, pues su apariencia le permitirá tener una vida tranquila, a diferencia
de Japón donde sería discriminado por su mestizaje y desafortunado nacimiento.
Y aunque el racismo en Japón podríamos decir que en la actualidad no es como el
de Estados Unidos, es un problema que sigue ahí y pocos hablan.
El dolor de personajes y el uso de símbolos culturales como juguetes
Yo pensé que no
podría hacer un análisis extenso de personajes en una novela tan corta y que, vaya,
ya quedó muy claro que hay enormes sesgos culturales y estereotipos, pero me
conozco y sé que se me iba a quedar el gusanito del pendiente de hacer esto… Porque
siempre hay algo que analizar. No por algo, a la fecha, con cada nueva
adaptación que hay de esta obra, se les suman más capaz de psicología y matices
a los personajes, además de más construcciones y símbolos, pero ese es mi
problema con esto; pues si a la fecha, con cada adaptación la historia se ha
inmortalizado, evolucionado y mutado, es porque hay algo en esta obra original,
digo, tiene que haber algo… Porque en todo momento no dejé de sentir que el
autor usaba a Cho-cho como una muñeca rota, tirándola y jalándola de un lado al
otro con el simple fin de generar drama…
- Cho-cho san, la persona mariposa: Es una chica que, dependiendo de la versión, varía su edad, en la de esta versión tiene 15 años (lo cual ya hace las cosas más turbias, porque ya pasamos no solo de turismo sexual con una mujer, sino con una menor que después se vuelve madre adolescente…). Toda la novela está contada con ella en el centro, ella maneja una elocuencia al hablar, es juguetona, burlona, le encanta bailar y su devoción hacia las personas es genuina, pero también tiene rasgos negativos, como ciertos comportamientos obsesivos, a veces narcisistas e incluso agresivos (resultado de una forma de defensa por los sacrificios extremos que ha llevado a cabo toda su vida, desarrollando un estado mental de “espera constante”). Pero su edad, además de darle el factor perturbador a la situación, justifica su personalidad confiada, idealista y necia, por lo tanto, no es una chica tonta, pero sí una cuya falta de experiencia y falta de libertad por parte de su familia y sociedad asfixiante la llevan a que confunda las intenciones de Pinkerton. A pesar de sufrir todo eso, también podemos ver en ella una fuerza interior que la mantiene en pie (curiosamente son sus valores japoneses y su amor maternal los que hacen preservar su orgullo y anclarse a la vida durante el abandono y repudio). Como se puede leer, es una mujer que tiene matices pero también límites, pues ninguna persona puede soportar tantas cosas sola, por lo tanto, su suicidio no es un final trágico por el hecho de serlo, es un acto congruente a su personalidad, contexto y creencias. Quizás también por eso es una mariposa, porque al morir, dejó de ser esa oruga que los extranjeros pisotearon y usaron y al final su alma se liberó, como una mariposa que todos pueden ver pero jamás volver a tocar ni lastimar.
- Suzuki, el personaje adyuvante: Es la doncella que acompaña a Cho-cho san en todo su viaje, desde casi la infancia, su boda y todo su camino de abandono, en la novela no conocemos tanto de su psique o no es tan compleja como Cho-cho, pues queda más como un rol de apoyo, esa amiga incondicional que secunda a Cho-cho en todo, o bueno, en casi todo, pues cuando pasa el primer año y Pinkerton no regresa, ella es la primera en confrontar a Cho-cho y trata de convencerla de que se vayan de la casa y busque otro camino de vida, pero tras ser casi atacada por Cho-cho, vemos como retrocede en dejar de confrontarla de manera directa, apoyándola con la maternidad, cuidar a Problema (o Dolore en algunas versiones) y haciendo todas las tareas y planes que realiza Cho-cho para recibir a Pinkerton o sus intentos de ponerse en contacto con él. Me consta que en las óperas tiene más relevancia, pero en cuanto a esta novela, es más un rol de soporte y es una pena, porque el autor pudo haberla aprovechado para que a través de ella pudiéramos conocer otra realidad de Japón o como ella veía y asimilaba con más peso el modo en que el resto de la sociedad japonesa repudiaba a Cho-cho mientras ésta trataba de pretender que no le afectaba.
- El señor Sharpless, el ¿sabio de la historia?: En cuanto a arquetipos se trata, Sharpless, en su rol de consulado de parte de Estados Unidos, actúa como un observador que intenta ser transparente e imparcial, y, a diferencia de los otros personajes ambientales gringos de la historia, Sharpless no es tan insensible con Cho-cho, él nota los comportamientos de ella y más aún con varios diálogos con Suzuki que es conciente de la realidad de estas algunas legales entre ambas culturas y trata de mediar a través de su posición hacer ver a Cho-cho la verdad, porque intuye lo que puede ocurrir, ofreciéndole a ella la oportunidad de conocer al príncipe Yamamori y el trágico desenlace se lleve a cabo, pero, su posición le impide involucrarse demasiado, por lo tanto, tiene un conflicto interno sobre tratar de hacer algo ante esta situación de desigualdad para ser congruente con su moral pero está limitado por su trabajo y las leyes de acuerdos internacionales.
- Pinkerton, el que ya está en mi top de personajes más odiados: Un oficial gringo que sí, desde las primeras páginas que apareció ya me caía mal el wey, desde la forma condescendiente con la que trataba la religión japonesa, lo manipulador que era con Cho-cho para que ella se comportara como él quería, sus actitudes corruptas de las leyes y claramente, el haber engañado a su mujer con Cho-cho y tener el descaro de ni siquiera regresar por el hijo, en cambio envía a su esposa. Literalmente es un hombre tóxico de manual, es arrogante, superficial, egoísta, mentiroso, manipulador, convenenciero, se aprovecha de otras mujeres para su propio placer y no tiene remordimientos de nada y estoy 100% segura que si viviera en la época actual, sería de los típicos deudores alimentarios que consumen contenido “red pill”, que tienen hartas amantes e hijos abandonados por todos lados. Para mí, este cuate no tiene redención alguna, y sí, sé que su función es representar la arrogancia y la apatía humana y podríamos decir que es la forma humana de esos lobos con piel de oveja que hay que cuidarse, (también como un reflejo del imperialismo occidental), pero joder, entiendo porque muchos actores se han negado a interpretarlo y es hasta en versiones recientes (como la de la película del 95) donde le dan otros rasgos “más positivos”, como un arco de arrepentimiento al tratar de enmendar el daño hecho aunque fuera tarde, (esto con el fin para que no sea una basura humana total), pero el de esta versión, lo siento, si tuviera 3 balas, y tuviera que dispararle a él, Netenyahu y Trump… Les dispararía a todos obviamente, pero a Pinkerton también le daría una patada en los testículos como plus.
- Los ambientales: En primer lugar, tenemos a la familia de Cho-cho, que concretan el matrimonio Goro entre ambos protagonistas y con sus enseñanzas le transmiten a ella que será algo eterno y de por vida, a su vez, la sofocan con que debe seguir a su marido y honrarlo, siguiendo su religión y costumbres, pero cuando ella lo hace, la maldicen; siendo un claro ejemplo no solo de la hipocresía japonesa de la época, sino también de la hipocresía de muchas familias que son así en el mundo en general, las cuales culpan a las víctimas de matrimonios arreglados pero no a los abusadores. En segundo lugar, está la esposa de Pinkerton, un reflejo de esas personas que ignoran de las cosas que las personas a su alrededor ocultan ya sea que las sepan o no con tal de mantener las apariencias, ser fiel a su moral o por miedo; de igual modo, todos conocemos a alguna mujer que se enteró que su esposo la engañó y tuvo otra familia y muchas se quedaron en la negación a falta de oportunidades para irse a otro lado, o por amor a sus hijos y “llevar las cosas por la paz” o se aguantaron porque esa era la realidad que todos les decían que debían aguantar y la tenían que aceptar con sumisión y quedarse calladas.
- El colorante blanco, el tantō (daga) del padre de Cho-cho y los hotake. Los objetos deseados: Aunque en la novela de John únicamente la tantō tiene una relevancia elíptica en la historia y seguramente el autor usó los demás objetos como elementos para darle más color a la historia y, por lo tanto, se sintiera el ambiente japonés más “real”, en muchas adaptaciones estos objetos se les han dado una relevancia narrativa; empezando con el colorante blanco, ese maquillaje denso que se ha vuelto icónico de las geishas, que Cho-cho lo usa con normalidad y parte de su identidad (literalmente va en su piel) pero Pinkerton lo descarta y se escandaliza cuando ella lo usa, siendo esto otra forma clara de control de él sobre ella para “domesticarla” con ser más occidental, haciendo que ella deje esa parte de su identidad y se asimile más a él, perdiendo autonomía. Seguidamente, siguen las estatuas de piedra japonesas conocidas como Hotoke, estatuas de Buda que se tienen comúnmente en hogares o lugares sagrados como cementerios o santuarios, que en Latinoamérica serían el equivalente a los santos y ángeles que tienen muchas abuelitas o personas mayores para rezar; estas figuras son otro elemento importante en la identidad de Cho-cho pero que son descartadas por Pinkerton al primero creer que son muñecos decorativos y luego decirle a Cho-cho que ellos no sirven, pues la única religión verdadera es la cristiana ((erdiendo ella otro rasgo importante de identidad e independencia cuando todas estas figuras son sacadas del hogar). Y al final, queda la daga tanto del padre de Cho-cho, una daga que más bien es una espada ritualista más corta que una katana, que se usa para el suicidio honorable, el padre de Cho-cho fue primero en usarla cuando ella se casa y al final, ella la usa cuando Pinkerton se lleva a su hijo, siendo curioso que el único objeto japonés que le queda es lo que la libera (al menos de lo que para ella es el deshonor).
Quizás este
autor no hizo muchas cosas analíticas de manera intencional, yo me voy más por
la teoría de que seguro lo hizo por la fascinación de erotizar y vulnerabilizar
al Japón de la época; sin embargo, todo esto hace que ésta historia sea un
reflejo más fidedigno de la forma de pensar de la gente, el cómo ignoraban las
consecuencias del colonialismo, la expansión indiscriminada, la discriminación
racial y la sexualización de Oriente. Consecuencias que han impacto en el
imaginario colecto que sigue en nuestros días y que seguro tomará muchos más
años en cambiar para bien.
Ni geishas ni ninguna mujer son mariposas de vidriería
Y si tienen el algoritmo correcto, seguro habrán visto o leído esos interesantes video ensayos de películas sobre la estética del dolor de las mujeres, aunque la mayoría de estos ensayos se centran en el género de terror (después de todo, en la gran mayoría de películas de terror y sus subgéneros donde la protagonista es mujer, pasa por una infinidad de horrores y sufrimientos mientras que los masculinos pasan por más acción y suspenso); así que, seguro la historia de Butterfly para muchas personas es una historia de tortura femenina gratuita, donde la tragedia de ella radica en la crueldad que se vuelve un espectáculo. Especialmente cuando Long cambia el final original y hace el suicidio de Cho-cho san más doloroso y en cierto modo, fallido.
A parte, en
cierto modo, no podemos culpar por completo a “Memorias de una geisha” por promover
masivamente una idea errónea y cosificada de las geishas, para bien o para mal,
yo diría que la historia de Cho-cho san (tanto la francesa, como ésta y la ópera)
serían las primeras causantes de que se malentendiera por prejuicios y
problemas de traducción el trato de las geishas, donde ellas, no son acompañantes
sexuales ni cortesanas, sino eran mujeres altamente respetadas y mega cultas,
expertas en todas las artes escénicas, plásticas, literarias y musicales. Pero
como es más fácil reducir lo llamativo y “extraño” como algo de consumo y
seductor, el legado de las geishas quedó afectado para siempre, incluso en la
actualidad.
Pero, si
tratamos de devolverle la humanidad a Cho-cho san, su sufrimiento no deja de
ser real, desde su genuino amor por Pinkerton que le da alegría, Cho-cho trata
de mantenerse alegre y optimista, ya sea por su edad o por la situación, se
aferra a lo único que cree que le queda (a pesar de tener una oportunidad aparentemente
mejor con el príncipe Yamadori), conserva la esperanza del regreso de su amor
no correspondido y ya dependerá de cada quien en considerarlo como acto de
valentía o ingenuidad, pero todos podemos estar de acuerdo que se trataba de un
acto de supervivencia. Y sus momentos de diversión con Suzuki le dan más
dimensión como personaje.
Además de que Suzuki,
es la única persona que la acompaña en sus etapas de duelo y trata de hacer que
confronte la realidad de que Pinkerton no regresará. Desafortunadamente, cuando
Cho-cho san pierde a Pinkerton y su hijo es arrebatado por él y su esposa
gringa, se queda emocional y espiritualmente desmoralizada, por lo que su
suicidio mediante harakiri no es por un despecho amoroso, sino un acto
simbólico que queda reforzado por las inscripciones en la daga de su padre; ella
se quita la vida como una forma de retornar a su verdadera yo, de tener algo de
control de su vida, una última oportunidad de tener agencia propia, de tener
algo de control en su vida y sus decisiones cuando la sociedad japonesa y
gringa se lo quitaron todo.
Sin duda alguna, un producto de su tiempo
Al final, han
existido y siguen existiendo muchas chicas como Cho-cho que son engañadas en un
matrimonio o relación de poder, y para tener más herramientas para luchar
contra esto y evitar que otras sean víctimas de estas prácticas abominables, es
relevante conocer el pasado por más incómodo que sea, y eso implica reconocer
los patrones que Europa y Estados Unidos hicieron en los países asiáticos
orientales en esos siglos, donde ellos, como vencedores, se aprovecharon de su
fuerza y dominación para usar a muchas mujeres en una compraventa; desde los
matrimonios infantiles que hay alrededor del mundo, los hombres que explotan a
sus parejas o los proxenetas se aprovechan de estas mujeres, sin importarles
que ellas pierdan todo, las sociedades las señalen y las familias las juzguen como
si ella fueran las culpables.
✧⋅.˳˳.⋅ॱ˙ ˙ॱ⋅.˳˳.⋅ॱ˙ ˙ॱᐧ.˳˳.⋅ ˙✧
¡Madre santa, 10
cuartillas me salió este chiste! Yo no creí que fuera para dar tanto, mi intención
es que fueran cómo 5 al tratarse de un texto de sólo 100 páginas pero ya vieron
las consecuencias de hacerme enojar brujillizos, digan no al racismo y a la
misoginia del mundo. En fin, para la otra viene otro análisis de un libro
japonés también, es novela corta de 100 página y tiene que ver con gatos ¡Yei!
Y trata sobre un cuate que habla con el diablo porque tiene una enfermedad
terminal… Seeee…
@SofiaLuCa18
Referencias bibliográficas
- Beltrán, J. (2024, Junio 27). “Madama Butterfly” o la trágica realidad del turismo sexual. La Razón; La Razón - Cultura. https://www.larazon.es/cultura/madama-butterfly-tragica-realidad-turismo-sexual_20240627667cb8f9901ca90001be5366.html
- Bofill, A. (2024, Noviembre 19). Honor e irresponsabilidad en un conflicto trágico entre civilizaciones. Gran Teatre Del Liceu. https://www.liceubarcelona.cat/es/articulos/madama-butterfly-conflicto
- Do, N. (2021). From Madame Butterfly to M. Butterfly: Changing Narratives of Oriental Womanhood. Armstrong Undergraduate Journal of History, 11(2). Research Gate. https://doi.org/10.20429/aujh.2021.110209
- English National Opera. (2020). Puccini’s Madam Butterfly | ENO Operas | English National Opera. Eno.org; English National Opera. https://www.eno.org/operas/madam-butterfly/
- Fernández de Larrinoa, R. (2023, Febrero 2). Orientalismo y verismo en Madama Butterfly. HISTORIA de LA MÚSICA; WordPress. https://bustena.wordpress.com/2023/02/02/orientalismo-y-verismo-en-madama-butterfly/
- John Luther Long, & Onoto Watanna. (2002). Madame Butterfly. Rutgers University Press.
- LibreríaFan. (2009, Agosto 9). Madame butterfly libro: una inmersión en la tragedia japonesa. Libreriafan.com.ar; Librería FAN. https://libreriafan.com.ar/madame-butterfly-libro/
- Miskimmon, A. (2018, Junio 5). Sex, betrayal, suicide: is Madama Butterfly too sordid to stage today? Theguardian.com; The Guardian. https://www.theguardian.com/music/2018/jun/05/metoo-madama-butterfly-puccini-geisha-opera-women-exploitation
- The Metropolitan Opera. (2023). M A DA M A B U T T E R F LY. Metopera.or; The Metropolitan Opera. https://www.metopera.org/globalassets/discover/education/educator-guides/madama-butterfly-23-24/madama-butterfly-sp.pdf
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