Seguimos con el
#PrideMonth con un libro escrito por una autora de parte de la comunidad LGBTIQ+,
de la que no conocía nada y que, como verán más adelante, es toda una
académica. Pero bueno, este fue otro libro que me compré en el supermercado en
la navidad del año pasado en los cajones de descuentos de los libros
descartados de almacén y yo ya lo tenía en mi lista de espera. Lo comencé a
leer en paralelo a “Kafka en la orilla” y el libro de Smith era para mí como
tomarme una píldora para el dolor de cabeza cuando avanzaba con el libro de
Murakami. Pocos libros informativos o culturales me han volado tanto la cabeza
como éste, que me gustaría que la gente lo leyera más en sus carreras o
maestrías enfocadas en literatura o medios de comunicación, tanto por su información
actualizada como la relevancia de entender por completo a los libros, por qué
los amamos y por qué pueden tener tanto poder. Me he encontrado con muchos
libros que se venden con la etiqueta de “una carta de amor a la literatura”
pero que en realidad de quedan cortos, pero el libro de Smith no es solo un
amor romántico a los libros, es un estudio de la magia blanca y obscura de los
libros.
Contexto de la obra
“Magia portátil”
fue publicado en realidad en 2022 y llegaría a España y México traducido al
español hasta el 2023, su autora es Emma Josephine Smith, quien lo escribió en
pandemia (y sí, por fin una autora que tiene un artículo de Wikipedia y página
web). El libro ganó el Premio Wolfson de Historia, un premio que no conocía
hasta ahora y básicamente es un premio de Reino Unido que busca, según las
palabras del comité “premiar libros que promuevan y fomenten la excelencia en
la escritura para el público general.” Pero hablemos de Emma Smith. Ella es una
académica, profesora y catedrática e investigadora inglesa que nació en una familia
de clase trabajadora, pero que en palabras de ella, les iba bien en la ciudad
de Oxford; aunque en su bibliografía se enfatiza que su especialidad es la
literatura shakesperiana (algo que también se nota en el libro protagonista de
hoy).
Tiene su propio
programa de podcast, ha participado en muchísimos programas de radio como
comentarista y ha ganado muchas distinciones y reconocimientos, destacando el
2024 cuando fue nombrada integrante de la junta directiva de la Royal
Shakespeare Acadamy y en 2025 fue elegida miembro honorario en Oxford. Aunque
yo no soy muy de podcast, sus programas de radio sí que suenan muy interesantes
y por los fragmentos que he visto en YouTube y su forma de escribir, me queda
claro que es una mujer que no se guarda nada, su cabeza le va a mil por hora y
que utiliza los dos hemisferios de su cerebro. (Y para los chismosos, sí, tiene
pareja, y sé que su nombre es Elizabeth).
La autora
comienza con su libro narrando la historia de “El aprendiz del brujo” y a
diferencia del consenso popular de la historia de que la moraleja es que el
alumno que se cree más capaz que el maestro antes de tiempo, trae
consecuencias; pero, Smith encuentra otro mensaje, pero igual de común, que es
el miedo a que libros poderosos en manos equivocadas son peligrosos, con ello,
la diferencia de un alumno y maestro no es el nivel de fuerza o la diferencia
social, en cambio, radica en el uso inteligente o descuidado del libro en
cuestión. Y es cuando el alumno esté en condiciones de manera el libro, es
cuando se convertirá en maestro, usando el libro como un agente disruptivo de
las jerarquías sociales. Incluso, hasta
este punto de la historia humana, el libro se ha mantenido en un lugar central,
rivalizando y conviviendo con otras tecnologías, artes, fenómenos, religiones y
orígenes, sí, son antiguos, pero su fuerza es innegable; incluso antes que el cine
o las artes plásticas, los libros ya tenían y tienen aún a sus devotos que
tratan su apertura y cierre casi como un ritual y respetan su contenido con la
debida atención y tiempo. Con esto, Smith sigue argumentando que los libros son
mágicos, sin importar que no les salgan genios de adentro, su capacidad de
acción y poder que los humanos les dan al crearlos o poseerlos existe.
Presentación
El libro tiene
un total de 333 páginas, que incluyen introducción, 17 capítulos, un epílogo,
agradecimientos, notas y un índice alfabético, para que los lectores puedan
acceder o encontrar las referencias visuales, textos o elementos extras que la
autora cita o describe a lo largo de su texto. En su introducción, Emma Smith
aclara que no es necesario leer su libro de manera lineal, se pueden leer los
capítulos en desorden, por cronología temporal o por el tema que más te llame
la atención; yo lo leí lineal pero es un libro que se puede leer las veces que
sean, en el orden que sea y no vas a perder la intención o mensaje. Algo que
pocos libros documentales pueden hacer. Este libro tiene un aire de cotidiano
que no sé como explicar, pero me queda claro que es un libro que podría
compartir con alguien. De todos modos, aquí está la sinopsis:
“Los libros son importantes por las palabras que contienen, pero además de mundos que residen en nuestra mente son también objetos que nos acompañan. Magia portátil se adentra en el simbolismo de las obras literarias como artefactos, es decir, el encanto inherente a su materialidad y portabilidad.A partir de los múltiples aspectos que inciden en nuestra relación con los libros (incluso sin haberlos leído) y reinterpretando hitos cruciales en la historia de la lectura, Emma Smith reflexiona sobre la consciencia que hemos adquirido del universo de ejemplares atesorados, devorados, censurados y destruidos a lo largo de los siglos, o simplemente hojeados durante nuestra vida. Asimismo, la autora se detiene en la combinación de forma y contenido que condiciona no solo la experiencia lectora, sino el debate social, político y religioso que desencadenan.”
Humanidad y literatura, siempre conectados
Emma Smith da a
entender la naturaleza única de los libros, la cual llama la “libricidad”,
que la define como la autonomía y vitalidad física del libro; desde sus inicios
como papiros y tomos, luego la múltiples encuadernaciones y formas de imprenta,
hasta el toque de las pantallas de computadora, smartphones y kindles,
después de todo, un libro puede ser más que el argumento y sus personajes, “no
son cosas absolutamente muertas” como dice Smith, por eso nos puede llegar a
doler tanto cuando uno observa como algunas personas tratan a los libros como
basura. Por eso tampoco los libros clásicos no naces, en cambio, se hacen. Además,
Smith nos recuerda que, al igual que las personas, los libros son objetos
migrantes, adquieren un nuevo significado dependiendo de su nuevo contexto o
destino, incluso pueden adoptar la forma y carácter de su lector; eso significa
que los libros son una expresión de la persona misma, sus gustos, ambiciones,
presencia, filosofías y sobre todo creencias, pues si no hay libro, básicamente
tampoco hay religiones.
En los primeros
capítulos, Smith nos cuenta que, en realidad, los libros fueron hechos para que
se terminaran de completar a mano, incluso con la imprenta, la costumbre era
que, con las Biblias, los encargados completaran con las ilustraciones, la
icónica letra mayúscula ornamental que asociamos a los textos medievales o
correcciones y censuras que cada padrecillo consideraba pertinente; así que sí,
técnicamente esos espacios en blanco de los márgenes que se conservan aún en
los libros modernos, tiene su origen en la necesidad humana para completar y
anotar cosas en estos rectángulos compuestos de múltiples hojas de papel. Por
lo que sí antes te juzgaban por anotar, rallar o tachar libros, en realidad no
estás cometiendo un sacrilegio contra tu libro, estás siguiendo una tradición
tan humana como alzar la vista con la boca abierta cuando escuchas un avión en
el cielo. Incluso hay personas que han pedido ser enterradas con algún o varios
ejemplares de sus libros favoritos u odiados.
Y hablando de
imprentas y Biblias, en las escuelas, principalmente en las licenciaturas y
carreras de MMC o de letras, te enseñan para que te aprendas con letras de
fuego que fue Gutenberg el que inventó la imprenta e hizo que todo el mundo
pudiera tener sus preciadas Biblias al mismo tiempo; pero Smith me hizo
explotar la cabeza cuando explica que, en realidad, éste sujeto no inventó la
imprenta, sino que, los chinos y coreanos (después de todo ellos inventaron la
tinta y el papel de seda) ya tenían su propia imprenta, (siendo la obra “El
Sutra del diamante” del año 868 la obra impresa más antigua que se ha
descubierto) y que con el tiempo, cuando comenzaron a comercializar con el
resto de Asia Occidental, principalmente los turco-otomanos, Europa estaba espantada
por el poder que éste impero estaba teniendo, así que Gutenberg copió el modelo
chino pero le hizo unas mejoras y, en realidad, lo primero que imprimió fue un
afiche antiturco, como una forma de subirle la moral a Europa de que ellos
también podían copiar y “mejorar” la tecnología enemiga. Siendo así que, el
origen de una de las invenciones europeas más importantes nació por una
ideología imparcial (un mito occidental, como diría Smith).
A pesar de esto,
la forma imprenta del libro permitió que existiera la resistencia a una
apropiación permanente, a pesar de la comercialización de estos, la creación de
clubes de lectura para aumentar difusión y ventas, el coleccionismo como una
forma de exhibición más que de lectura (como el tsundoku, acumular
libros sin leer), la creación de bibliotecas públicas como lugares esenciales
de aprendizaje del manejo y conservación de los libros (incluso el tener una
biblioteca es considerado una necesidad moral humana) y la propia lectura hacen
que estos objetos se puedan transformar en reliquias únicas, que se presten con
la confianza de regresarlos sin coste y tengan toques personales más allá de
una perspectiva industrial. En consecuencia, el medio del libro ha sido
transformado para los asuntos humanos a todos los niveles, desde lo físico
hasta la comprensión del mundo.
Más que solo objetos de lectura
Otro tema
interesante que toca Emma Smith es cuando se enfoca en que, a pesar de que
existan gran cantidad de ediciones y ejemplares de un mismo libro, para quien
tenga uno, no será el mismo libro que el de su compañero de a lado; influye
desde cómo te encuentra con el libro, la forma y momento en el que lo lees, y
la suma de otros factores y sentidos. Porque sé que a mí me ha pasado y me
consta que a más de uno le ha pasado que, conoces una historia o un libro en un
formato o presentación y cuando te lo vende otra editorial con otra apariencia,
portada, fuente, edición e incluso si la sinopsis es diferente, sientes que no
es el mismo libro, aunque básicamente sí lo sea. Porque, al final, un libro
también es para nosotros una forma de presentarnos ante los demás, por eso
llegamos a etiquetar a las personas por el tipo de libros que leen (a veces es
prejuicioso y a veces es una pista de cómo es esa persona realmente).
La autora, en
relación con esto, detalla la práctica de los “shelfies” esa tendencia
de tomar fotos de tus libros o libreros y presumirlos y uno pensaría que es una
tendencia moderna, incluso yo ya hablé de eso, pero, la que se considera la primera shelfie
fue de lady Anne Clifford (la imagen de aquí arriba), donde la mujer buscaba exponer en su retrato una
imagen global de ella, como una lectora activa, reflexiva y práctica por todos
los títulos de libros que se pintaron en el fondo. Otra mujer icónica que hizo
una shelfie fue la misma Marilyn Monroe, que busca demostrar que en
realidad era una mujer intelectual libre que se moldeaba por los libros que
leía y no una “simple sex symbol” que se moldeaba por la cosificación. Con todo esto,
Smith explica que la imprenta y los libros no son simple entretenimiento, pues
también es un instrumento que siempre estarán vinculados a las necesidades
humanas, desde transmitir información, recuperar lenguas ancestrales, nutrir la
imaginación o, en algunos casos, normalizar un discurso de dominio y segregación.
Otros ejemplos relacionados con esto que da Smith son la iniciativa que tuvo
Reino Unido en la Segunda Guerra Mundial de darles libros a los soldados para
subirles la moral, pero no con libros filosóficos, de cuestión de autoridad o
para nutrir la imaginación, sino para motivarlos a luchar por sus líderes o
monarcas, con biografías endulzadas o deliberadamente manipuladas. Sin embargo,
lo que terminó generando este movimiento, por las mismas necesidades de los
soldados, crearon una presentación de libro de tapas blandas, pequeños y
económicos que causaron que las imprentas vieran las ventajas de esta
presentación y casi todos los libros de ficción y no ficción tenían este
formato, lo que permitió que más personas compraran libros y los libros, que se
habían criado para militarizar, se desmilitarizaran. Algunos de los más
populares fueron “Espartaco” de Howard Fast, “Canción de Navidad” de Dickens
(una obra que se considera la creadora de las tradiciones navidades modernas) y
“La casa del tío Tom” de Harriet B. Stowe, siendo éste último considerado vital
para promocionar y financiar la causa abolicionista.
Siguiendo con
las curiosidades, la autora detalla el fenómeno de los “libros regalo”, una
moda del siglo 19 donde los libros se fabricaban en formatos pequeños (como
para caber en una diminuta bolsa de dama de la época) y más sencillamente
ornamentados que venían con envoltorios impresos específicamente para ellos, lo
que ahora conocemos sobrecubiertas, y en su primera página había un espacio
para que se pudiera agregar una dedicatoria a una persona deseada o querida;
dejando en claro que regalar un libro implica un lazo emocional y no un simple
intercambio, incluso cuando los libros modernos ya no tienen este apartado por
default, aún muchas personas escriben dedicatorias o dejan en claro a quien va
destinado en su primera página, dejando en claro que los libros siempre están
marcados de forma invisible por las personas.
El lado obscuro de los libros
No obstante,
antes de pasar al lado obscuro de los libros, hay que tomar en cuenta algo que
la autora recolecta de varios testimonios y juicios cuando diferentes artistas,
periodistas o civiles han modificado libros para dar un discurso, un mensaje o
hacer un perfomance artístico pero han terminado acabando en tribunales,
siendo que en estas y muchas otras ocasiones que se les da más importancia a
los objetos que a las personas; es verdad que hay matices, casos que implican
odio, violencia o censura, merecen ser castigados, pero cuando los actos no
hacen daño a nadie o no promueven ninguna violencia, es cuando hay que tener
cuidado en comparar el valor de un libro que el de una persona.
Por
consiguiente, la destrucción de libros es algo que era inevitable que la autora
hablara, desde el aspecto emocional que eso implica y la connotación de vida y
respeto que le damos a los libros; es más, existe el término “biblicidio”,
cuando por motivos ideológicos se busca destruir o quemar un libro como un
espectáculo para humillar a las personas relacionadas al libro o “purificar” su
contenido. Al final, los libros, al estar tan vinculados a las personas y ya
tan asociados en concepto a la libertad de pensamiento e individualidad, han
sido objetivos de censura y usados como teatro político. Por eso la autora
inició con la historia del aprendiz, porque los libros son conductores que
magnifican el interior de una persona, en la persona adecuada son libertad de
expresión y pensamiento pero con otras manos e intenciones, se usan como
censura cultural, idolatría y control. Desde los textos de William Sankey, que
tachaba o borraba todo lo que le pareciera incómodo, vulgar o poco cristiano,
desde hechos históricos hasta palabras; otro ejemplo es la censura al libro de
D. H. Lawrence “El amante de lady Chatterly” por hablar del polémico tema de la
sexualidad y deseos femeninos y tabúes de clases sociales y ahora con el
mandato del asqueroso hombre naranja en Estados Unidos, cualquier libro que
toque temas LGBTIQ+, discriminación racial, feminismo o historias indígenas,
queda automáticamente baneado de las librerías y bibliotecas.
Otro tema que
toca la autora con respecto a la destrucción de los libros, es de una más
silenciosa y es de triturar o tirar a la basura libros que no se venden, pues
como las tiendas y empresas editoriales saben que ahora el nivel de atención de
las personas cada vez es más corto las y tendencias son más efímeras, tienen
que vaciar y renovar los catálogos con rapidez, así como liberar espacio porque
la gente los prefiere en digital, entonces tiran lo físico y priorizan el
mercado digital. Y sí, triturar de manera discreta libros no es tan escandaloso
como verlos quemar pero que la propia industria sea quien lo haga, dice mucho
de cómo son realmente las editoriales. Aunque al momento de publicarse este
libro, la autora no toca el tema porque aún no existía como tal, pero lo quiero
comentar porque tiene todo que ver, y es el de la destrucción de libros para
alimentar las bases de datos de la IA, donde se hace exactamente lo mismo, pero
ahora no es solo por cuestión de mercado; en cambio, es para que la IA empiece
a escribir libros y comenzar a vender más libros hechos por computadora que por
personas, siendo ahora que las empresas le dan más prioridad a las máquinas que
a los lazos y esencia que la humanidad siempre ha compartido con los libros.
Otro rasgo
perturbador y único en los libros es el de cómo hay personas que han llevado el
concepto de que “nosotros estamos hechos de los libros y los libros están
hechos a partir de nosotros” al extremo más enfermo; creando su forraje con
piel humana, muchas piensan cuando se habla de libros hechos de piel humana en
que son fabricados por brujas malas o demonios, asesinos seriales y científicos
locos pero la cantidad de libros forrados de piel humana de esclavos negros,
irlandeses y nativos es terrorífico lo normal que los europeos y gringos veían
esta práctica, pues eso significa que convertir piel humana en cuero hay una
supresión de la vida de la persona, que la víctima no tiene ninguna importancia
como ser humano. Esa es la definición de deshumanizar.
Libertad para publicar, ¿qué significa?
Una parte del
libro toca un tema complicado de resolver de manera general o rápida y es el de
la libertad de publicación; la autora nos pone en los contextos de Estados
Unidos y la Alemania Nazi, donde ambas sociedades decían que se podía permitir
leer cualquier libro, porque eran sociedades libres. Y sabemos que con los
nazis esto no era así, pero Estados Unidos tampoco se quedaba atrás con la
censura y la búsqueda de banear culturalmente libros, ambas sociedades banearon
“Rebelión en la granja”, porque a ambos les quedaba el saco de lo que el libro
criticaba, Estados Unidos baneaba libros tales como las obras de Hemingway,
Dreiser y Steinbeck al mismo tiempo que los nazis baneaban los libros de
Tolkien, C. S. Lewis y Freud.
Siguiendo esta
línea, la autora reflexiona sobre uno de los libros más infames de la humanidad
moderna y es el libro rojo de Hitler, que con tan solo escucharlo, leer o
escribir su título muchas personas tiemblan de la misma manera como otros
tiemblan al escuchar sobre el “Talmud” de los sionistas o “El manual completo del
suicidio” de Wataru Tsurumi; y la razón por la que la autora menciona el libro
de “Mi lucha” es para entender como las presiones ideológicas y culturales y el
fanatismo pueden convertir un libro aparentemente inofensivo en un talismán
maldito que te corrompe si lo tocas; tan solo con decir que, así como Estados
Unidos le da un peso a la Biblia en los juicios para que todos, sin distinción
de religión, creencia o contexto, deben jurar tocándola, los nazis hacían lo
mismo con el libro de su amadísimo líder, incluso había ejemplares donde,
cuando se casaban oficiales, les hacían firmar el libro a ellos y sus esposas
para asegurar su fidelidad y lealtad al amadísimo líder.
En fin,
haciendo la historia corta, sumado a las controversias de sus traducciones,
finalmente el famoso libro ha dejado de ser reproducido y vendido, pues ninguna
empresa en Alemania o Viena quería los derechos, pero, ahora, con la nueva ola
de la extrema derecha, la gente quiere volver a tener acceso a él y se escudan
con el argumento de la enmienda de libertad de expresión, ¿realmente lo que
ellos quieren es libertad de expresión y publicación? ¿Qué significa todo eso
para empezar? Es casi una obligación humana permitir la libertad de expresión y
publicación de manera liberal y democrática, y viéndolo desde la perspectiva de
la autora, eso implica que, tanto los discursos de amor, respeto y paz deben
compartir la misma libertad que los discursos misoginia y superioridad racial.
Si me preguntan
a mí, estos últimos discursos no deberían de tener cabida en ningún ámbito,
porque sí, incluso la autora llega a la conclusión que los únicos contenidos
que se deben limitar o neutralizar son los que ya amenazan con atentar en
contra de la vida de las personas, como el libro de Hitler, pero si sabemos y
contextualizamos los libros de Hitler, sionistas, la machósfera o esos libros
que se venden como “dark romance” que contienen temas de pedofilia,
violencia, narcocultura y otras cosas, sabemos que al mismo tiempo contienen
discurso de discriminación, superioridad y fantasía patriótica. Lo que da como
resultado que, al final, facilitan los atentados contra la vida de personas
inocentes, porque hace que las personas con esos pensamientos se sientan
validadas y respaldadas. Así que sí, en mi opinión, no todo es publicable,
después de todo, un libro nunca es simplemente un libro y “una fantasía” o
“ficción” nunca es simplemente fantasía.
Únicos y atemporales
Para Smith, la
definición de las academias sobre qué es un libro no es suficiente, pues su
forma ha cambiado desde el inicio de la palabra escrita, aunque, es verdad que
desde la imprenta, el formato se ha mantenido casi igual en todas las partes
del mundo, siento un diseño tan simple y accesible que hasta sus versiones
electrónicas tratan de simular el sonido de las páginas o sus dobleces. Por
alto también muchos artistas o artesanos hacen sus propias portadas y
contraportadas de manera manual de sus libros o mangas favoritos, creando
libros únicos de artistas; aunque sean cosas más performativas que útiles, por
así decirlo, su discurso de autonomía e intervención artística hacia las normas
tradicionales permanece.
Volviendo al
tema de las bibliotecas, comparado con otros centros como las tiendas de
videojuegos, ventas de garaje de juguetes, los tianguis de ropa o los antiguos
templos sagrados que eran las tiendas de rentas de video, los libros son los
únicos que circula, gratuitamente, tomados de una biblioteca de préstamo y
devueltos para que otro lector pueda sacarlos; un sistema que antes era común
para las películas o series, pero que, con los servicios de streaming,
esto prácticamente ha desaparecido, pero eso no ha pasado con los libros, a
pesar de la presencia de tiendas digitales, bases de datos de pdf´s o
audiolibros, las bibliotecas siguen conservando su naturaleza de propiedad
compartida y sin necesidad de una suscripción.
En palabras del
propio Wolfgang Iser, la lectura debe incitar a la imaginación y sólo es
placentera cuando es activa y creativa, por lo que el autor debe permitir que
el lector trabaje en completar los hechos que deja el propio texto; por esta
razón, la existencia de las novelas interactivas es más antigua de lo que uno
pensaría, siendo considerada la primera novela interactiva “La vida y las
opiniones del caballero Tristram Shandy” de Laurence Sterne, donde se le daba
un rol más activo al lector de crear. Una idea que se terminó trasladando al
mundo de los videojuegos, las visuals novels asiáticas y algunas
películas, como la película “Black Mirror: Bandersnatch” de 2019.
Y
aunque ya no es tan común el formato de las novelas interactivas escritas,
surgió otro fenómeno en donde se seguía alentando a los lectores a participar
en la creación o modificación de una historia, el fanfiction, otro tema del que ya he hablado aquí. Al final, cuando parece que los libros
pueden perder una batalla contra la “innovación tecnológica” o la guerra, los
libros se mantienen superiores por su simpleza tecnológica y longevidad. La autora
concluye su libro con el argumento en que aclara que una cosa es la
interconexión entre la forma del libro y su contenido, y la otra es la
reciprocidad y proximidad entre los libros y sus lectores, en relaciones que ocasionan
un cambio en ambas partes, sin embargo, a pesar de todo, de alguna forma, ese
libro siempre será tuyo, (incluso teniendo una parte de tu ADN, porque sí, se
ha descubierto que los libros conservan más que las huellas de las manos o la
saliva de las esquinas de las páginas, conservan partículas de piel, gotas de
sudor y gérmenes). Nosotros nos quedamos con una parte de nosotros y ellos
también se quedan con una parte de nosotros, literalmente.
Autor, lector y obra, unidos
Por otro lado,
así como los libros son objetos que funcionan como un espejo, los humanos
también han usado los libros como objetos protectores, (desde modificarlos para
ocultar cosas importantes o armas para defenderse, hasta hacerlos chiquitos
para que cualquier miembro de una religión se sienta protegido al llevar su
Biblia o Corán consigo, como si tuviera propiedades mágicas), así como fuentes
de adivinación, de ahí la cada vez más abandonada práctica de la bibliomancia,
como si los libros poseyeran poderes especiales y sabiduría profética. Como si
únicamente el libro pudiera leer a los lectores y no al revés. Ya sea que el
autor lo quiera o no, los lectores siempre se abren un hueco en los márgenes de
los libros, por ello, las personas como autores y lectores deben ser
conscientes de la carga ética que le damos a los libros; y sí, eso hace que la
libricidad pueda llegar a ser impredecible, sin importar lo calculada que pueda
ser su extensión, disponibilidad o singularidad.
Finalmente, la
autora concluye que la libricidad es un acto de equilibrio entre la forma y el
contenido, y que, un libro deviene un libro en manos de sus lectores, porque,
es un objeto interactivo, y cito textualmente cuando dice, “un libro que no
sea manejado o leído, en realidad no es un libro en absoluto” y lo mismo
podemos decir de los autores y lectores. Al final, los lectores pueden actuar
también como escritores, teniendo cierta propiedad para poder rehacer sus
propios libros, ya sea con amor, con enojo o para burlarse; porque los libros
pueden ser decorativos y funcionales, transmiten cosas incluso si están en
blanco.
“Yo creo que la palabra escrita es el mayor logro de la humanidad.” Emma Smith
꧁⎝ 𓆩༺✧༻𓆪 ⎠꧂
Un ensayo de 10
páginas de un libro de 300 páginas, es cierto que tengo poderes. ¿Y saben que
tiene más poder? Que compartan y dejen comentarios, para que el algoritmo me
trate mejor. Se les quiere, amen y respeten. Y no, no me interesa nada relacionado
al mundial del futbol, gracias.
@SofiaLuCa18
Referencias bibliográficas
- J. Prieto, M. (2023, March 25). Magia portátil, de Emma Smith. Curistoria; WordPress. https://www.curistoria.com/2023/03/magia-portatil-de-emma-smith.html
- Planeta de Libros. (2026). Emma Smith. Planetadelibros.com; Grupo Planeta. https://www.planetadelibros.com/autor/emma-smith/000058569
- Sánchez Fernández, M. (2024, February 18). Sortes Virgilianae - CRITICISMO. CRITICISMO; Sortes Virgilianae. https://criticismo.com/sortes-virgilianae/
- Smith, E. (2023). Magia portátil. Editorial Ariel.
- Wikipedia Contributors. (2026, May 1). Emma Smith (scholar). Wikipedia; Wikimedia Foundation. https://en.wikipedia.org/wiki/Emma_Smith_%28scholar%29






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