Llega la otra
novela corta del especial #MesCortoNovelaCorta, y claro, no podíamos empezar el
año sin una novela con gatos y ésta novela la quería leer desde el año pasado o
creo que incluso más atrás, pero no pude conseguirla en físico, así que tuve
que conseguirla en la isla tortuga donde se reúnen todos los lectores que
buscamos libros gratis en digital y dependiendo qué edición y qué idioma se
lea, la cantidad de hojas cambiaba mucho, en algunas ediciones en español
llegaba a las 170 páginas pero en todas las versiones que encontraba en digital
rondaba entre 80 y 100 páginas, siendo la mía de 86, por lo que tuve que revisar
varias versiones para asegurarme que la mía no estuviera incompleta, y tal parece
que tengo la versión completa, por lo que desconozco este desorden de cantidad páginas,
me imagino que es por cosas de formato, en fin, una vez aclarado eso, prosigamos.
Contexto de la obra
“Si los gatos
desaparecieran del mundo” o con su nombre original en japonés Sekai kara
neko ga kieta nara (que literalmente significa eso), fue publicada en el 2012
del puño y letra de Genki Kawamura por la revista japonesa “Line” y realidad empezó
como una historia corta antes de ser publicada como una novela; para luego ser adaptada
al cine por el director Akira Nagai (la cual no me he visto pero por el bien de
la calidad visual de esta publicación, agregaré frames de la misma). Éste
trabajo es considerada su primera novela, después le siguieron “Millon dólar man”
(2014) y “Cuando llegue abril, ella” (2016). Tiene otras novelas más recientes,
las cuales no me he leído pero suenan interesantes, que son“Cien flores” (2019),
“Estancias parlantes” (2022) y “Un canto divino” (2024). Y parece ser que va a
estrenar otra novela este noviembre de este año llamada “El caballo y yo”.
De hecho, Genki,
quien nació en Yokohama el 12 de marzo de 1979 (teniendo actualmente 47 años), no
empezó como escritor, si no como cineasta y periodista, trabajando primero en
la compañía productora de Tōhō, la más grande de cine u teatro del país
del Sol naciente. Siendo productor responsable de varias películas y series
exitosas allá en Japón, también se le han dado varios reconocimientos
importantes de su país natal; destacando el premio Fujimoto, el premio que se
le da a los mejores productores del cine japonés, volviéndose el productor más joven
en ganarlo en ese país al ganarlo en 2011, aparte, un año antes fue elegido por
Next Next Asia por The Hollywood Reporter. Por otro lado, redactó una obra
llamada Shigoto, en la cual entrevistó a varios gigantes del cine como Hayao
Miyazaki y el músico Ryūichi Sakamoto (otro trabajo que no he leído pero suena
bastante interesante).
La lectura ha
cumplido con emocionarme y estresarme cuando la vida del gato Col podría correr
peligro, inclusive consideré dejar de leerlo cuando sentía que el diablo,
Aloha, estaba por convencer al prota de que hiciera desaparecer a los gatos con
tal de tener un día más de vida (y los que llevamos suficiente tiempo en esta
vida, sabemos que si alguien decide lastimar a un gato, será lo último que
haga); además, el recorrido del pasado del protagonista y su viaje con respecto
a comprender sus errores y aprender a abrirse emocionalmente con los demás es
significativo considerando cómo muchos hombres cargan con un buen de
expectativas tóxicas de éxito y cómo deberían de ser en la vida, sumado a sus
reflexiones sobre la muerte y cómo la sociedad moderna hace un momento tan
vulnerable como la muerte, lo torna complicado, lleno de procesos burocráticos
y le quita toda la paz o el proceso de duelo que debería tener. Pero,
tristemente, hay cosas que no logran convencerme del todo.
Sinopsis
La versión
traducida al español de “Si los gatos desaparecieran del mundo” fue publicada
el 22 de junio de 2017 de parte de Alianza Editorial (que es la que yo pude
conseguir de modo digital):
“Un joven cartero regresa a su casa después de que el médico le diagnosticara un tumor cerebral en fase avanzada. Allí se encuentra a su gato Col y a un extraño personaje, idéntico a él excepto en su actitud y en su vistosa indumentaria. Dice ser el diablo y le anuncia su muerte inminente. Pero le ofrece un trato: por cada objeto animado o inanimado que acepte que desaparezca del mundo, ganará un día de vida. Empieza por los teléfonos, sigue el cine, luego los relojes... Pero cada uno le evoca aspectos de su vida, la relación con su exnovia, con su padre cuya relación terminó mal... Cuando le llega el turno a los gatos, encuentra una carta que su madre le dejó escrita antes de morir pidiéndole que se reconciliase con su padre. ¿Y qué pasará cuando desaparezcan los gatos? Genki Kawamura nos deleita en "Si los gatos desaparecieran del mundo" con una novela ágil, evocadora, emotiva, fantástica..., divertida en la interrelación entre el gris e introvertido cartero, el peculiar diablo y el gato Col. Una novela que pone en valor nuestra existencia cotidiana y lo que nos rodea, al mismo tiempo que critica a una desnortada sociedad en la que prima el individualismo y lo superfluo sobre lo esencial de la vida.”
¿Existen los buenos deseos?
En términos
generales, la novela me gustó mucho y no sabía que, al momento de leerla, que
había sido construida como una historia corta y, ahora que lo sé, eso explica
muchos pensamientos y sensaciones que tuve mientras la leía; pues, el mensaje está
presente y hay una sutil relación simbólica con cada cosa que el protagonista
desea que desaparezca con las personas que fueron importantes en su vida; desde
el teléfono como la conexión con su primer amor, el cine como muestra de la
relación con su mejor amigo y conexión con el mundo, los relojes siendo la representación
de su complicada situación con su padre y los gatos como el claro ejemplo de
vínculo de su madre. Pues para mí, fue una excelente forma de representar el
duelo, una forma del prota de tratar de despedirse de todos antes de morir,
pero cuando llega el momento de que Aloha, el Diablo, quiere hacer desaparecer
los gato, el prota reacciona, pues su gato Col es la única conexión genuina que
tiene con alguien y no está dispuesto a vivir un día más si eso significa
perder para siempre a su lanzo más profundo, incluso si Col está dispuesto a
sacrificarse con tal de que su persona más especial pueda vivir. ¡Con todo
esto, la historia ya podría ser un mil sobre diez!
Y todos esos
deseos para hacerlos desaparecer con el contrato con Aloha están bien
analizados y son propuestas interesantes y hasta yo estaría de acuerdo con hacer
desaparecer a los smartphones; sin embargo, me parecieron pocos los deseos que
el protagonista hizo (y sí, a lo largo de estos deseos, el prota se da cuenta
de lo egoísta que está siendo de quitarles cosas a los demás o romper lazos con
otros a cambio de un día de vida por cada cosa que se borre de la faz de la
tierra), pero si la historia va a ser larga y no se van a ampliar más deseos,
por lo menos conocer el impacto más claro de la ausencia de dichas cosas habría
desarrollado mil veces más la idea del autor, como los relojes, ¿cómo sería el
cambio de las civilizaciones? ¿Qué pedo con las zonas horarias y los conflictos
de los vuelos? Nop, no se desarrolla y queda a nuestra imaginación. Por esto mismo,
si se hubiera quedad como una historia corta, el formato permitiría que esto se
aceptara más o se dejara más al aire a la imaginación, pero al ser construida como
una novela corta, se tiene la oportunidad de ver cómo se comportan las demás
personas sin estos objetos o cómo lidia el prota al ser el único en saber que
existieron tales objetos mientras que el resto del mundo sufrió un obliviate
y ni enterados; el formato daba todo el chance para momentos de reflexión e
incluso comedia pero no se profundiza tanto como yo hubiera esperado.
Otra queja que
noté con otros lectores fue el que todos habrían deseado cosas diferentes al protagonista
y todos podríamos estar de acuerdo en eso (hasta yo llegué a pensar que yo
habría pedido “mejores deseos”); todas las personas con algo de empatía habríamos
deseado con que desapareciera la contaminación, las armas nucleares, las
plataformas promotoras de discursos de odio y todos los perversos y millonarios
depravados y en ese sentido el autor consiguió un escudo argumental de que, al
tratarse del Diablo, sólo se pueden eliminar las cosas que a él le apetezcan o
se le logra convencer de que desaparezcan así que podríamos desearlo pero si al
Diablo, o Aloha en este caso, no le parece borrarlo, no lo va a hacer (pues
como dicen en Betty la fea, “el diablo come candela”). Así que, con eso en la
mesa narrativa, ¿cuáles serían los deseos correctos? ¿Había realmente una manera
de pedir deseos que beneficiaran a todos y al mismo tiempo salvar nuestra vida?
La moraleja es
clara y la propia madre del prota lo dice (y los que leyeron Full Metal Alchemist
sabrán de que estoy hablando) y algunos podrán no estar de acuerdo con esa
filosofía, en la cual para poder tener algo, se tiene que perder algo (pues
parece injusta y con falsa meritocrática, pues, para que uno gane, otro tiene
que perder); por ende, el deseo correcto es no hacer el trato con Aloha, no
entrar en ese círculo vicioso donde vemos toda nuestra vida como una forma de
ganar o perder cosas, que sí, todos quisiéramos que esa persona que amamos
tanto siguiera con nosotros, no hubiera muerto antes de tiempo o esa mascota
durara para siempre (yo perdí a mis dos abuelos maternos por el cáncer y me hubiera
gustado compartir con ellos más momentos importantes de mi vida o mascotas que
he tenido que murieron por una enfermedad o por situaciones fuera de mi control).
Pero la vida es algo que no se debe controlar como una competencia o comparar
con cosas materiales, porque cuando es así, es cuando se deja de disfrutar y se
pierden los aprendizajes realmente valiosos o momentos que forjan nuestra
identidad.
“Un día la vida se acaba. Antes de que llegue ese día haz todo lo que quieras Todo, todo, todo, hasta la extenuación. Entonces mañana vendrá a tu encuentro.”
Personajes que se camuflan
Y hasta ese
punto me dirán, pero Sofía, ¿por qué no llamas al prota con su nombre? Porque
no tiene uno, es enserio, es más, ninguno de ellos tiene nombre, a lo mucho
alguna inicial, como el mejor amigo que tiene la letra K y la exnovia tiene la
letra M; me queda claro que es por cuestiones creativas y que el lector les
pueda poner la cara y el nombre que uno quiera y permita que el lector se pueda
inmersar de manera más personal con la historia, (una idea parecida a las novelas
interactivas). No obstante, lo mismo que me pasó con el tema de los deseos,
tengo el mismo conflicto con los personajes, a excepción del gato Col y la
madre del protagonista, ellos cumplen con sus funciones claramente y se me hicieron
los más tridimensionales de la historia en cuanto a profundidad (sobre todo
cuando Col comienza a hablar como un samurái).
Pero en el caso
del protagonista, su padre y su mejor amigo siento que el autor se quedó muy
corto y es aquí cuando se nota más que “Si los gatos desaparecieran del mundo” se
pensó más como una historia corta y no un relato más largo; porque si fuera una
historia corta, con un rasgo simple pero bien reflejado y momentos claves más
expresados, sería un buen estudio de análisis pero como novela corta, sentí que
faltaron cosas. Como momentos donde pasaran más tiempo juntos o más diálogos
entre él y su padre para más contexto de relación, especialmente en el final,
donde queda claro que el protagonista decide dejar a Col al cuidado de su padre
cuando él muera. Y la verdad, tiene buenas intenciones con las decisiones de algunos
sus personajes. Por ejemplo, al momento de ver las películas con M, el
protagonista decide ver una pantalla en blanco y usarla de lienzo para ver toda
su vida como si fuera una película en lugar de elegir una opción como El
Padrino o El Club de la Pelea, eso muestra su personalidad y cómo su evolución
está creciendo.
Luego, está la
escena de las cataratas de Buenos Aires donde M aprovecha para tener su momento
de catarsis, haciendo un paralelismo de como ella se libera con la fuerza del
agua o el repasar las fotos con Col para explicarle lo que es el amor y valorar
esos pequeños tesoros que tanto él como otras personas tienen. Y los que ya
conocen mis gustos literarios, e incluso mis cuentos, saben que tengo 0
problemas con los finales abiertos, pero este sí lo sentí muy rápido, sobre
todo me quedé con las ganas de esa última conversación del prota con su padre y
el destino de Col; después de todo, tengo un alma sensible que no podría vivir
sin mis michis y sí, al igual que el protagonista cartero, daría mi vida por
ellos y si hubiera mostrado claramente cómo el padre cuida de Col me habría
quedado más tranquila y si hubiera ese diálogo final faltante entre padre e
hijo, siento que esa trama habría quedado cerrada y aún así podría entrar el
final abierto sin sentirse incompleto.
Los michis tranquilizan el corazón
De todas las
novelas de gatos que he leído hasta ahora, creo que esta es la que es narrativamente
más débil hasta el momento, pero no por eso no la recomendaría; a pesar de todo
lo anterior, creo que de todos modos la recomendaría porque sus puntos buenos
son más fuertes que los negativos, especialmente si no eres una lectora quisquillosa
como yo o eres de ese tipo de lector que lee más “por las vibras” que por el contenido,
también si quieres una novela rápida de leer con momentos muy emotivos con la
suma de poner temas importantes a discutir en la mesa a la hora de comer, además
de obviamente a quienes les gusta el género gatuno.
⛧♡♡(ミ ᵕ̣̣̣̣̣̣
ﻌ ᵕ̣̣̣̣̣̣ ミ)ノ
Y terminando con
éste análisis con una gripe con más radiación en mi cuerpo que las bases
militares de Groenlandia, próximamente vendrá la última novela corta del
especial, y como pista, es una novela corta que se puso muy de moda en pandemia
y que ahora ya casi nadie habla de ella pero yo ya lo pronostico como un clásico.
Atte:
@SofiaLuCa18


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